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  • Writer's pictureSofi

La magia de mi cuerpo

Hoy mientras estaba realizando mi practica de yoga, sentí unas ganas intensas de llorar. Así de repente. Sin avisos. Me atrevo a decir que esto sucedió porque llegué a ese estado de flow en yoga donde mi cuerpo y mente estaban tan unidos en movimiento a través de la respiración que lo inconsciente se volvió consciente.


En ese momento estaba haciendo una versión de Sun A’s y era increíble como mi cuerpo seguía moviéndose casi que, por inercia, pero mi corazón se sentía pesado; se sentía acongojado, con ganas de sacar todo lo que ha estado guardando por tanto tiempo y yo dándome cuenta a medias. Cuando vino la parte final de mi practica donde no había más movimientos exigentes por hacer, lloré todo lo que tenía que llorar.


Con el día a día no tenemos mayor opción que funcionar. Como podamos. La vida sigue, las responsabilidades nos llaman, y muy pocas veces nos detenemos a examinarnos, a sincerarnos con nosotros mismos y, por consiguiente, con los demás sobre cómo nos sentimos. Solo veámoslo cuando platicamos con alguien, cada vez que nos pregunta cómo estamos, lo primero que respondemos es “bien.” Nos sale hasta automático.


¿Qué pasaría si nos atreviéramos a decir la verdad? ¿Qué pasaría si nos quitáramos las máscaras y reconociéramos realmente como nos estamos sintiendo?


Quizás lo que nos detiene es el miedo a la reacción que el otro pueda tener y así sin darnos cuenta vamos condicionando nuestra forma de actuar con base en lo que los demás puedan pensar sobre nosotros.


Que pereza la verdad. Participé en ese juego por mucho tiempo y me terminó enfermando. Ahora, me resulta mucho más liviano y sostenible ser quien decido ser y diseñar (las veces que necesite) una vida que se sienta lo más mía posible.


Hoy mi cuerpo me recuerda lo sabio que es, lo mucho que carga día con día, lo mucho que va aguantando para que mi mente y mi alma puedan seguir adelante. Hoy mi cuerpo me recuerda que está diseñado para moverse y que, en movimiento, él y yo nos comunicamos mejor. Hoy mi cuerpo me recuerda que estoy viva y que puedo llorar a todo pulmón para ganar claridad y crecimiento.


Nuestro cuerpo es perfecto, es mágico, y siempre habla. ¿Qué tanto lo estamos escuchando?


Hoy te invito a que conectes con tu cuerpo, especialmente si estás pasando tiempos inciertos como yo. Puede ser caminando, bailando, saltando, pintando, respirando, de la manera que funcione para ti, pero eso sí, necesitas moverlo. Te prometo que lo que vas a encontrar va a ser valiosísimo. Me contas que tal.





 



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