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Cielos rosados

Últimamente he agarrado una manía por limpiar y ordenar. Es más a medida escribo estas lineas, hay unos trastes en la cocina que me están guiñando el ojo. Y casi casi me voy a la limpiarlos para no escribir, pero sé que quiero escribir, o más bien necesito escribir.


Estas ganas de limpiar y ordenar vienen de un grito de ayuda por encontrar certeza y estructura; para desenredar los posibles escenarios de un futuro incierto; para traerme al presente y recordarme que todo esta bien, que el ahora es lo único que tengo, y que ahora estoy bien, estamos bien. Todo esta bien.


Ahora entiendo a las mujeres de mi ascendencia cuando me decían ‘ponete a hacer algo’ y aunque esta manía me ha ayudado a centrarme y a funcionar, sé que es un mecanismo de defensa que si no le presto atención me puede pasar factura. Así que por eso estoy escribiendo ahorita, y por eso antes de ponerme a escribir, salí a ver el cielo que casualmente estaba rosado. Hermoso.



Mientras observaba el cielo y su evolución; de un morado a un rosado medio naranja para luego oscurecerse, las lagrimas, que he querido ocultar a través de la limpieza, vinieron a mis ojos.


Un llanto, producto de un cóctel de emociones: una pizca de frustración, unas cuantas onzas de ansiedad, y rodajas de tristeza.


Pero al ver las nubes pasar y el cielo lentamente despejarse, recordé que, así como el cielo, yo soy mucho más de lo que estoy sintiendo y pensando en estos momentos.


Y que aún con todo, todo está bien. Estoy aquí. Respirando y contemplando un cielo imponente e infinito. Tan majestuoso que es imposible para mí pensar que no hay algo más grande que yo que si entiende lo que estr pasando, a quién si le hace sentido todo esto, y quién ya resolvió todos los dilemas que hay en mi mente.


Y fue así como cerré los ojos y suspiré “ayúdannos, por favor” esas palabras que se esconden detrás de la limpieza imparable de la cocina, del baño, del cuarto.

Por muy funcional que pueda parecer solo sacudirse las emociones y seguir adelante, es una trampa.

Y no es que no vamos a caer en la trampa, creo que es inevitable, pero he ahí la importancia de cultivar la relación con vos mismo; de nutrir tu autoconocimiento y autoconciencia para darte cuenta y salir de ahi antes de que ese mecanismo de defensa te mantenga atrapado y te termine enfermando.


Los trastes pueden esperar.


Gracias, cielo rosado.





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