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  • Writer's pictureSofi

Casada, pero no amarrada

Ayer cumplimos tres años de casados por lo civil con Daniel. Recuerdo perfectamente ese día, íbamos algo tarde con mi familia (como siempre) aunque para los tiempos que maneja el gobierno íbamos justo a tiempo.


Este año, creo que fue a finales de febrero, el banco me llamó para actualizar mis datos. Mi estado civil aparecía como soltera aún. Sentí tan raro al decir casada pero no terminaba de comprender por qué, supuse que era falta de costumbre nada más.


Semanas más tarde, fui a una despedida de soltera. Como ya sabrán o podrán imaginárselo dentro de las despedidas de soltera surgen temas específicos sobre el matrimonio, “quién va a ser la siguiente”, “quien quiere ser la siguiente”, “quien probablemente será la siguiente pero no quiere” y mil cosas más.


Recuerdo que estábamos entre amigas y estaban molestando a una de ellas sobre cuando se iba a casar. Ella comentaba que quería pero no quería a la vez, porque no quería amarrarse. Esa expresión inmediatamente captó mi atención pues sé que no llevo muchos años casada, quizás para algunas personas, aún sigo recién casada, pero tres años son tres años y en este tiempo no ha habido ni un segundo donde me haya sentido amarrada. Se lo compartí a la chica que nos estaba contando con el afán que no se sesgará, animándola a que su matrimonio puede ser lo que ella y su esposo decidan.


Si bien el matrimonio es algo formal y serio, no tiene por qué tener una connotación negativa. Fue entonces que hice clic de porque había sentido raro en el banco pues gracias a Dios mi matrimonio no ha sido una experiencia negativa, al contrario. Disfruto mucho estar casada con Daniel. No estoy diciendo que sea fácil, nada que ver, pero creo que desde el primer día hemos aclarado que si estamos en la vida del otro es para compartirla no completarla. Somos individuos que teníamos una vida antes de estar juntos y no solo porque ahora seamos pareja quiere decir que debamos perder nuestra individualidad.


No sé cómo serán los siguientes tres, o veinte años. Lo que sí sé es que mientras sigamos siendo conscientes que somos personas antes de ser pareja y que nuestro amor viene de la abundancia y no de la carencia o dependencia, seguiremos felizmente casados y no amarrados. No nos “toca” estar juntos, es una elección que hacemos desde el amor todos los días.


 

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