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Por qué pienso lo que pienso

Cuán importante es cuestionar lo que pensamos en nuestra vida. Solo reflexionemos, ¿por qué creemos lo que creemos? ¿Será porque alguien nos dijo? ¿Será porque lo escuchamos en alguna parte? O ¿será simplemente porque así ha sido?


Como seres humanos estamos configurados por pensamientos que develan creencias más profundas y el no cuestionarlas nos lleva a pensar que sólo lo que nosotros pensamos es correcto y que todo lo que difiera, aun en lo más mínimo es incorrecto o malo. Estos son los famosos buenos y malos, correctos o incorrectos, blancos y negros; cuando la vida está compuesta de muchas tonalidades de gris.


El que yo lo piense no quiere decir que así deba ser. El que me lo hayan enseñado así no quiere decir que es la única forma correcta de hacerlo. Lo más curioso es que lo vemos en el día a día… por ejemplo, a mí me enseñaron que el huevo revuelto se cocina directamente en el sartén y ahí lo revolvemos, pero a mi esposo le enseñaron que no, que se revuelve primero en un plato hondo y ya se coloca revuelto en el sartén. ¿Cuál es la forma correcta? Pues ninguna y ambas, pues el resultado siempre es un huevo revuelto. Y así podemos pensar en miles y miles más…tomando formas más profundas, nuestras ideologías políticas, filosofías de vida, valores, creencias religiosas, espiritualidad, hábitos de salud, y todo lo que se nos ocurra.


Mucha gente tiene miedo de cuestionarse pues han construido su identidad sobre estas verdades y de repente darse cuenta de que las cosas no son así puede traer consigo una crisis de identidad, entre otros problemas. Sin embargo, no cuestionarnos es altamente peligroso, pues nos convertimos en personas intolerantes, rígidas, y prejuiciosas.


Hoy les invito a que se cuestionen porque piensan lo que piensan, desde lo más básico hasta lo más complejo…si la respuesta es todo menos “porque yo lo decido” probablemente sea tiempo de cuestionar esas creencias, no necesariamente con el afán de cambiarlas, sino para otorgarles un valor autentico.


Cierro con un ejemplo un poco más complejo. Yo creo que hay vida después de la muerte, creo en la vida eterna...no porque me lo enseñaron mis papás o la iglesia…sino porque decido creerlo. Pero quien sabe, quizás reencarno en una planta (ya que tanto me gustan) o quizás solo dejamos de existir y somos succionados por un hoyo negro, o a lo mejor ya morí y esto es parte de una realidad alterna.


 

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