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La gente vale por lo que es y no por lo que tiene

Desde muy chiquita mis papás me repetían:


Sofía, la gente vale por lo que es y no por lo que tiene.

Al inicio no entendía muy bien a que se referían con esto pero con el paso de los años su significado se ha vuelto más y más relevante.


Ahora que soy una adulta puedo ver la gran lección que hay detrás de esta frase.


Vivimos en tiempos donde se promueve utilizar filtros y poner fachadas, y se valora mucho el que dirán.


Asimismo, tenemos todo a nuestro alcance, a un clic de distancia. El consumismo cada día crece más y más, e inconscientemente se va instaurando en nosotros el pensamiento de que entre más tenemos, más somos; y no solo hace referencia a objetos materiales.


Por ahí se dice que cuando la gente tiene poder muestra sus verdaderos colores, y vaya que es cierto.


Creo que una de las cosas positivas que ha traído la pandemia ha sido precisamente despojarnos de lo que considerábamos importante y centrarnos en lo que realmente tiene valor.


Hemos aprendido a vivir con menos, con lo esencial. Todos eso que nos afanábamos por comprar ya no es utilizado como antes.


Además, vemos como al igual que con el poder, las crisis vienen a mostrar con quienes contamos en realidad.


Nos damos cuenta que no todos los que llamamos amigos o familia realmente lo son y que el apoyo muchas veces viene de quien menos lo esperábamos.


También se habla mucho de valores. Quiero hacer referencia a ellos de una forma distinta, no como los valores morales que conocemos sino como a lo que le otorgamos valor o importancia en nuestras vidas.


¿Qué es importante para nosotros? ¿Vestirnos de ropa de marca, o simplemente a tener ropa? Ven cómo cambia la perspectiva.


Lo mismo sucede con nuestro valor como personas.


Quienes somos no está definido por nuestras riquezas, bienes materiales, o posesiones.


Claro, no quiero decir que el sustento económico no es importante, pero no es lo más importante, y sobre todo NO nos define.


Entonces, ¿qué nos define? Pues es una pregunta complicada, porque aún nuestras acciones realmente no nos definen.


Cometer un error no nos hace malos, o el que hayamos llegado tarde una vez tampoco nos hace impuntuales. Afirmar que nuestras acciones nos definen anula por completo la oportunidad que tenemos de mejorar o cambiar.


Se va a leer medio cursi pero yo pienso que lo que realmente nos define es nuestro corazón y lo que hay dentro. Pero, ¿cómo así?


Pues lo vemos reflejado en nuestras intenciones con los demás, y en los tipos de pensamientos y sentimientos que nos frecuentan, de forma que todo curse en completa armonía y nos traiga paz. Les dije que se leería cursi.


Prácticamente hablo de una persona coherente que puede ser descrita como alguien que hace y dice lo que piensa y siente; que se mantiene fiel a sí misma y a sus valores (eso que considera importante), a pesar de lo que su entorno puede estarle vendiendo como atractivo o valioso.


La belleza está en lo sencillo, busquemos más esencia y menos apariencia.

 

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