Corazón partido
- Sofi

- May 10
- 3 min read
Era un domingo por la tarde. Iba a la despedida de una amiga. A pesar de haber calculado más o menos cuánto tiempo me iba a tomar alistarme ahora que tenia una cosa más en la lista—ordeñarme, iba tarde.
Hace 38 días había dado a luz a mi bebé, mi niña hermosa, Luna.
Es muy loco porque como decidimos no saber el sexo durante el embarazo, me cuesta asociar que ese bebé que estuvo en mi vientre por 38 semanas 4 días es esta niña hermosa que tengo enfrente, pero les contaré más de eso otro día.
Me bañé y al arreglarme encontré el primer dilema de esta nueva etapa que estaba viviendo.
¿Qué me pongo?
Ya no me quedaba mi ropa de maternidad y peor aun mi ropa pre embarazo.
Entonces, ¿qué me pongo?
Agradezco tanto a la Sofi de hace unos años que decidió comprar faldas de elástico porque adivinen qué, esas son de las pocas prendas que me quedan en esta etapa posparto.
Agarré la falda, la combiné con un top que me regaló mi hermana, y mientras me terminaba de arreglar, no me reconocía en el espejo.
¿Cómo así que me estoy poniendo algo más que no es una pijama?
¿Cómo así que me vuelvo a maquillar?
¿Cómo así que cuento con tiempo, energía y un motivo para peinarme?
Era como que estaba volviendo a ser yo pero en realidad ya no era yo. No sé.
Es algo muy difícil de explicar que creo que solo quién lo ha vivido lo puede entender realmente.
Al despedirme de Daniel, no sé que cara me habrá visto porque me inisitió varias veces que disfrutara y me aseguró que todo estaba e iba a estar bien. Me despedí de él y de Luna, y me fui.
Al sentarme en el carro, en piloto automático, me puse el cinturón sobre mi ‘panza’. Solo que ya no era una panza de embarazo. Ya bebé no estaba ahi. Y ahi fue la primera llorada— extrañar estar embarazada. Extrañar sentir a mi bebe dentro de mí.
Llegué al lugar. Abracé a mi amiga y me dispuse a compartir con quienes estaban ahí. Conocí gente, comí rico, y en general, la pasé bien. Pero a pesar de eso me sentía rara, me sentía incompleta.
Algo que nunca me había pasado en la vida.
Y ahora entiendo a mi mamá cuando quiere que estemos todos (sus tres hijos) donde sea que ella vaya.
Ahí entendí que a partir del 17 abril, día que nació Luna, mi corazón por siempre va a estar partido.
Ahorita no se siente tanto porque esta chiquita y depende totalmente de mí, pero pronto nos empezaremos a separar.
Ella ira creciendo, ira a la escuela, luego se ira de la casa, quizás se ira del país—así como yo me fui, y mi corazón la va a estar amando y extrañando todo el tiempo.
Mi corazón partido va a estar pensando en ella y anhelando que este bien donde sea que este.
Regresé a casa y, aunque venia recargada social y personalmente, al chinear a Luna, no pude parar de llorar.
Me sentía tan pero tan mal por haberla dejado. Me sentía tan culpable, pero al mismo tiempo sabia que no había hecho nada malo.
“Es tu instinto”, me decía Daniel.
“No tiene que hacer sentido, solo sentílo y déjalo pasar”
Y así hice. Esta fue la primera salida a solas. La más difícil. 38 días después del parto.
Ahora, 82 días después (a la fecha de este escrito), se ha vuelto más fácil y las disfruto mucho, pero les mentiría si les digo que no ando cargando conmigo mi corazón partido.

Si te gustó, ¡compártelo!



Comments