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La indeseada pero necesaria visita

Han pasado ocho años desde esa primera visita, totalmente inesperada. Una visita que sustituyó la seguridad, la comodidad, y la estabilidad por el pánico, la incertidumbre, y la inseguridad.


Antes de esa visita tenía muy claro quién era y lo que quería en la vida (al menos eso pensaba). Recuerdo que me decía a mí misma “a mi nada me afecta” y actuaba de acuerdo a esa creencia. Y así iba, consciente o inconscientemente, poniendo curitas, tapando, ignorando, reprimiendo…estando pero no estando, hablando solo por hablar, huyendo cada vez que hubiese un conflicto, amando por encima para no ser lastimada, confiando, pero no del todo, en los demás. En fin, disfrutando la vida a medias.


En un abrir y cerrar de ojos todo cambió. La visita me levantó y borró de mi toda certeza. Es como que me hubiese reiniciado. Me sentí sola, alienada, desconsolada y a la vez inquieta, desesperada, y agobiada por no saber que estaba pasando y por qué.


Me tomó años entender su propósito. La visita tuvo que ser así de dramática e irrespetuosa, de lo contrario, le hubiese dicho que lo dejáramos para después, que no tenía tiempo para ella. Llegó a sacudirme al punto de marearme y asfixiarme. Las noches sin poder dormir, la falta de apetito, el vacío, los pensamientos rumiativos eran su forma de llamar mi atención e ir desechando todo lo que en realidad no me estaba funcionando para rearmarme desde cero.


Esa visita se llama mi ansiedad. Con el tiempo, aprendí que pelear con ella no lleva a nada y me dispuse a hablarle para tratar comprenderla y fue entonces que sus visitas inesperadas disminuyeron.


Ahora me visita esporádicamente, a veces con permiso otras sin; la diferencia es que independientemente el motivo (a veces no lo hay) trato de recibirla con brazos abiertos. La abrazo y le pregunto que me quiere decir, de que me quiere proteger, de que me está advirtiendo. No les voy a mentir, a veces no la entiendo…por ratos es tan caprichosa, pero ahí la dejo ser. La dejo estar; sabiendo que ya me ha visitado antes y que aunque cada visita me viene a dejar algo nuevo, siempre refuerza las lecciones de hace ocho años. Sentir a todo color y a toda potencia, para poder comprender y actuar desde una forma más consciente, más plena, más completa.



 

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