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República bananera

Recuerdo que cuando estaba chiquita me encantaba que mi papá me llevara al estadio (no había nacido mi hermano en ese entonces) ¿Quién no recuerda la selección de Amado, Rambo, Emilio, Noel? ¡Si! Esa selección. Ir al Estadio Olímpico para verlos jugar era épico. ¿Recuerdan cuando clasificamos a un mundial después de 28 largos años? El fútbol solía unirnos como Hondureños...ahora creo que ya ni eso.


Sinceramente no me explico cómo llegamos a este punto: a tener un presidente ilegítimo, caprichoso, y maquiavélico, quien hizo todo lo que estaba a su alcance para quedarse en el poder, una profesora como ministra de salud, una psicóloga como ministra de finanzas, un código penal que protege delincuentes, y depender de medios internacionales para realmente informarnos. ¿Por qué lo hemos permitido? ¿Qué nos pasa? Tenemos el país que merecemos definitivamente. Alguien me decía: “El problema no es el gobierno, es el Hondureño…”


El Hondureño es pasivo, proveniente de una República Bananera, un país títere de intereses ajenos a los propios, gobernado por oligarquías. Quizás por eso no estamos acostumbrados a cuestionar, somos tan dejados, y esperamos a que otros nos resuelvan los problemas. ¡Qué penoso! Además, creo que tendemos a refugiarnos en la familia y la religión, y esto solo refuerza estas actitudes. Ojo, no estoy en contra de estas instituciones. De hecho, son de las pocas cosas que verdaderamente me enorgullecen de este país, pero sí está mal que las utilicemos como escondite; al enfocarnos en que los nuestros estén bien, pasamos por alto lo que nos rodea, y mientras estemos “bien”, nos aguantamos y callamos…


Lo que está sucediendo en estos momentos es imperdonable. Cada vez se aprueban más y más millones, más prestamos, más donaciones...la suma es escalofriante. Nos vinieron dos de siete hospitales móviles y para colmo, incompletos. Pero más imperdonable es que nos quedemos callados, que permitamos que nos hagan esto. No es posible que no hagamos nada al respecto. Y si es verdad, hasta cierto punto ¿qué tanto podemos hacer?Desgraciadamente esta República Bananera es gobernada por grupos de intereses específicos quienes tienen el poder de imponerse por un cambio pero no lo hacen porque claro, no les conviene.


Quisiera pensar que hay una solución a todo esto, mi corazón quiere creerlo; sé que los buenos somos más. Conozco Hondureños admirables, pero lamentablemente no se tiene el dichoso poder. Y así hemos visto cuantos Hondureños “poderosos” han subido los precios de los productos de mayor demanda durante esta pandemia, cuantos han utilizado los famosos “conectes” para abrir sus empresas y asegurarse que la competencia se mantenga cerrada, y cuantos han abierto irresponsablemente sus negocios, comprometiendo la salud de sus colaboradores. En un tiempo como este, donde debería abundar la solidaridad, impera la avaricia, el egoísmo, y la soberbia. Y claramente se refleja en nuestro gobierno, creo que siendo el único en no haber consultado a profesionales de la salud durante una emergencia sanitaria.


Honduras, te hemos fallado, y mi corazón quiere adherirse a una esperanza, que vamos a unirnos una vez por todas y rebelarnos, pero mi mente no lo ve venir. Ciertamente no hacemos justicia a la séptima estrofa de tu himno nacional….y ante toda esta situación lo único que los buenos podemos hacer es o seguir conformándonos o buscar la forma de migrar y cambiarte por otro país.

 

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